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Los Volcanes más altos de la Tierra Todos los montañistas saben dónde quedan las montañas más altas del mundo. Pero si a muchos de ellos les preguntáramos en dónde se encuentran los volcanes más altos del planeta, la mayoría no sabría la respuesta: están todos en Argentina.
Al Aconcagua (6,959 metros), máxima altura de América y del Hemisferio Sur, por mucho tiempo se lo denominó “el Volcán”, a secas, pero la geología demostró su naturaleza orogénica: no es volcán. El Cerro Ojos del Salado (6,875 metros) es la segunda cumbre de América y también un volcán cuya cumbre se encuentra dividida entre Catamarca y la República de Chile. Las últimas mediciones han demostrado de que es el volcán más alto del Planeta, es el activo más alto. A gran altura posee una especie de géiser, señal de la furia interna de la Tierra aún no aplacada. Al Monte Pissis , en el límite entre La Rioja y Catamarca, el IGM le asigna 6882 msnm. Situado en medio del desierto altiplánico, es un volcán compuesto con varios conos unidos entre sí. Lo adornan varios glaciares y al pie, lagunas saladas de aguas impotables. El Volcán Llullaillaco (6,739 metros) que está en el ranking de las montañas más altas de América, tiene para sí el récord de las ruinas y las tumbas más altas del planeta, situadas a pocos metros de la cumbre. Las tres criaturas halladas ahí, hoy expuestas en un museo salteño construido específicamente (el MAAM), fueron sacrificadas por los incas a sus dioses. Este volcán se yergue en una de las regiones más secas y remotas de la Puna, en el límite entre Salta y Chile.
Quienes hemos recorrido nuestro querido y extenso país, sabemos que Argentina también posee uno de los volcanes más bellos del mundo. Como Japón tiene al cónico Fuyijama, y Chile al Licancábur, nosotros tenemos al perfecto El Peinado (5,741 metros). Situado en el desierto yermo y árido de la puna catamarqueña, posee dos hermosas lagunas a sus pies: una verde esmeralda y la otra azul profundo. Sus laderas parecen efectivamente peinadas. En su cumbre quedan ruinas incas, testigos de ritos centenarios. Los lugareños aún creen en la antigua leyenda de que su cumbre es defendida por un toro de astas de oro. Luego de su ascensión en 1995 por un grupo de andinistas del cual fui parte, debimos mostrar fotos y un video para convencer a nuestros incrédulos inquisidores. Columnas Anteriores:El Andinismo de Exploración (Recorriendo Zonas Inexploradas)
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